¿Cómo gestionar el perfeccionismo?

¿El perfeccionismo es el protagonista de tu vida? ¿Todo aquello que haces tiene que quedar perfecto? ¿Eres de lo que piensan que «para no hacerlo perfecto mejor no hacerlo»?.

Si el perfeccionismo es el hilo conductor de lo que haces, en este artículo te vamos a dar 10 recomendaciones para rebajar tu perfeccionismo y enfrentarte a las tareas con menos tensión.



¿Qué es el perfeccionismo?

Es algo que afecta a muchas personas y que puede generar ansiedad, baja autoestima y depresiónLa perfección, en la mayoría de los casos, es algo inalcanzable porque es algo subjetivo. En otras palabras, lo que puede ser perfecto para alguien, puede no serlo tanto para otra persona.

Además, está incluido dentro de las creencias irracionales descritas por el psicólogo Albert Ellis. Según este autor, la perfección es algo irracional y la describe como: pensamiento de que todos los sucesos tienen una resolución perfecta.

Teniendo esto en cuenta, la persona perfeccionista no conseguiría la felicidad hasta que no encontrara la solución perfecta a su problema. Esto hace que ellos se esfuercen por encima de sus posibilidades y que nunca estén satisfechas con el resultado.

Otra característica de esta población es que no acepta cosas que estén por debajo de la perfección viviendo siempre con ciertos niveles de exigencia y ansiedad muy excesivos.

Consecuencias del perfeccionismo

Las consecuencias de tener este tipo de actitud serían:

  • Miedo al fracaso. Se genera temor ante un posible fracaso.
  • Trabajar o estudiar demasiadas horas. Si el perfeccionismo se genera en el ámbito laboral o escolar puede ser peligroso, llegando incluso a hacer que se descuiden aspectos familiares, sociales, etc. Estas personas tienden a trabajar o estudiar mucho con el objetivo de alcanzar esa perfección. Esto, a su vez, hace que sean poco productivos porque al dedicarle tanto tiempo a las actividades, no suelen llegar a alcanzar todos sus objetivos.
  • Pensamientos negativos. Pensar que si algo no va a ser perfecto no merece la pena hacerlo.
  • Síndrome del impostor.Este tipo de procrastinación y el síndrome del impostor generalmente conviven en la persona perfeccionista.
  • Cuando ellos no logran alcanzar las metas que se proponen, suelen aplazar las que no consideran competentes y las que no están a la altura, lo que hace que sientan que no son merecedores del puesto que ostenta o de la confianza que han depositado los demás en él.
  • Dejar para mañana lo que se puede hacer hoy. Estás personas suelen pensar que si algo no va a ser perfecto lo mejor es no iniciarlo.
  • Paralización. Cuando el perfeccionismo adquiere unos elevados niveles, nunca llegamos a estar satisfechos con lo que hacemos y esto puede llegar a paralizarnos.
  • Trastornos emocionales. Todo esto junto con la alta autoexigencia puede tener consecuencias negativas en la salud mental de las personas. El perfeccionismo, como ya se ha comentado, se asocia frecuentemente a trastornos de ansiedad, depresión y baja autoestima.

Estrategias para gestionar el perfeccionismo

Hacer una buena gestión del perfeccionismo es esencial para un buen equilibrio emocional. Por ello, en esta entrada te vamos a facilitar algunas herramientas para poder gestionarlo.

1.  No planifiques todo demasiado.

Está bien tener un plan sobre las cosas que tenemos que hacer. Estudiar los objetivos y cómo alcanzarlos, pensar en que obstáculos pueden surgir, sin embargo, si este proceso se alarga (algo común en las personas con esta problemática). puede ser contraproducente. Por eso, si tienes tendencia a ser perfeccionista, te recomendamos que no intentes planificarlo todo demasiado.

2.  Prioriza.

No todo lo que hacemos tiene el mismo nivel de importancia. Por eso, te recomendamos que, aquellas tareas que no sean tan importantes, les otorgues menos tiempo y esfuerzo. En el trabajo, o en cualquier otro ámbito, te encontrarás siempre con tareas que no tienen mucha importancia. Ocupar nuestro tiempo con este tipo de tareas puede hacer que no le dediquemos el tiempo suficiente a otras o incluso que, dedicándole tiempo a las dos descuidemos otros aspectos de nuestra vida.

3.  Piensa en los aspectos que tiene el perfeccionismo.

haz una lista con todas aquellas actividades que te provocan malestar y que está derivadas de ser perfeccionista. Algunos ejemplos de ellos son: sentimientos de culpa si no se cumplen a tiempo, tardar mucho en hacer tareas sin importancia, ansiedad por la alta autoexigencia, diálogo interno negativo, inseguridades, etc.

4.  Tener claro que todo el mundo puede equivocarse. 

Las equivocaciones forman parte de los posibles resultados cuando nos enfrentamos a las tareas. Por lo que aceptarlos como posibilidad es algo sano. En caso de que nos equivoquemos sabremos que es algo normal y aprenderemos a sobreponernos al error En contra posición, las personas que no contemplan los errores como parte del proceso tienen alta autoexigencia y avanzan mucho más despacio. Además, pueden vivir una equivocación como algo totalmente limitante impidiéndoles incluso avanzar.

5.  Intenta hacer en el día las tareas que tienes para ese día.

Como se ha comentado antes, una de las consecuencias del perfeccionismo es la procrastinación. En otras palabras, dejar para mañana lo que se puede hacer hoy o posponer el inicio de algo. Te recomendamos que comiences a hacer las áreas según llegan, en el momento.

6.  Piensa en cuál es el resultado esperado.

No todas personas destinatarias de lo que hacemos esperan algo perfecto, ni lo desean ni lo necesitan. Por eso, ajusta tus tareas al resultado que espera la otra persona. Cíñete a lo que te piden y lo que esperan los demás.

7.  Deja de lado la alta autoexigencia.

El ser muy exigente con uno mismo y vivir siempre al límite está demostrado que, a su vez, es limitante. Por eso, intenta rebajar lo que te exiges. Cuando te pongas a realizar una tarea céntrate en ser eficaz y no perfecto. 

8.  Pon límites de tiempo.

En aquellas tareas en las que sea posible, te recomendamos que te establezcas un tiempo limitado para realizarlas. De esta manera sabrás que no podrás exceder el tiempo. Por ejemplo, para fregar la vajilla puedes establecer un minuto por cada dos platos. De esta manera, no estarás toda la tarde dedicándote a ello.

9.  Establece un plan para hacer las cosas y síguelo.

Muchas veces pensamos en diferentes alternativas y estas nos ocupan mucho tiempo. Por eso, una vez que sepas qué actividad tienes que realizar, lo recomendable es que te establezcas una manera de hacerlo, alejando aquellos pensamientos que pueden estar relacionados con otras maneras de realizar esa misma tarea.

10.  Pensar que hacer las cosas “bien” muchas veces es mejor que hacerlas “perfectas”.

Voltaire ya dijo aquello de que lo perfecto es enemigo de lo bueno, y razón no le faltaba. Hacer las cosas bien nos permite llegar a nuestros objetivos sin complicarnos la vida intentando hacerlas perfectas. Hacer las cosas bien es lo suficientemente bueno como para poner fin a la tarea y a nuestra necesidad de hacerlo perfecto.

Lo perfecto es enemigo de lo bueno.

Voltaire

11.Establecer estándares realistas.

Implica fijar metas y expectativas alcanzables y razonables, en lugar de perseguir una perfección inalcanzable. Ayuda a reducir la frustración, la autocrítica excesiva y el miedo al fracaso.

12. Plazos Flexibles.

Permitir cierta adaptabilidad en los tiempos de entrega o finalización de tareas, en lugar de adherirse rígidamente a cronogramas autoimpuestos muy estrictos. Ayuda a manejar la presión y a reconocer que pueden surgir imprevistos.